21/4/06

Clarivigilia primaveral

¡Buenos achíses! El otro día vino Charlie a verme. Decía que le devolviera lo que le pertenecía... Entré en la casa y empecé a revolver todo lo que había acumulado desde septiembre. Veinte libros que ya soñaba que eran míos. Deben volver a sus dueños, al igual que los ratos de sonrisas inconscientes. Se posaba la mariposa en la antena de mi televisión, y me decía que volara, que volara. Bah, ya tendré tiempo.

"Toma Charlie. Tus cosas. Ya te veré, supongo". Un pequeño momento de claridad de orquesta de cuerda en silencio... "¿Supones?" ¡Puñalada trapera! Volvamos a mi cuarto, ahora medio vacío de cosas vacías, ahora medio lleno de cosas llenas. La Mimamamemima seguía allí, encima del doctor House. Volar... venga, va. Me monté encima suya; era un poco incómodo, pero se aguantaba.

Salir de mi pueblo, salir del mundo, adiós realidad. Decía ese cabroncete que yo no era real, ni siquiera era el mundo real para él... y Dios sí. Jaja, ¡estás loco! ¡Bienvenido a mi club! Pero ya hablaremos de ti, ahora mismo quiero tener en la cabeza la barrigacorazón (TM) del comunero. Me entra hambre, o sed, cuando no estás cerca, aunque desde fuera de este Universo todo se mira distinto. Pero una cosa que crecía en mí me bajó de la mariposa, que a estas alturas de la vida le habían crecido plumas azules.

Me caí, me pegué contra el suelo y desperté... o eso creía. ¡Me siento como Sofía hablando sobre Berkeley! Este escritor es tonto, deja de hacer sufrir a tus creaciones. Necesito ver una factorial de dospuntos-abreparéntesis ya. (Un minuto de asombro) Hmm gracias... ^_^. Pues lo dicho, vuelvo a soñar. Vuelvo a casa. Tartas de manzana en mi respiración.


Originalmente publicado en http://memoriasdeunquetzal.bitacoras.com .


La Oreja de Van Gogh - Lloran piedras
http://www.youtube.com/watch?v=28y_qIiLhrU


Detengo los barcos de papel.
El viento se asoma de puntillas.
Te asesino con un beso
y se descubre el crimen.

Pido el carnet a las colillas.
Apago los ojos de los gatos.

Madrugada la muerte hambrienta,
y desayuna a cuatro o cinco...
Y sé que estoy, estoy ahí,
yo estoy en esa lista.

El abuelo se duerme en el sillón;
su nieto le mira, y se ríe.

El atardecer sentado en mis rodillas
se come una naranja.
Galopan mis días perdidos de ayer,
mis días de hoy duermen.

Las nubes lloran piedras,
piedras que lapidan mis sueños.

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