11/9/06

Noches de conciertos en un bar

Mira adonde quieras. Da igual la dirección, en todos sitios somos iguales: gente que lucha por satisfacer sus necesidades bioquímicas de una manera medianamente inteligente y productiva. El concierto está comenzando, pero el público no ha hecho más que entrar por esa puerta de cristal y acero. El alcohol no ha empezado a fluir por las venas de los aparecidos, y eso es bueno. Es más difícil averiguar los miedos y ansias de quienes no mienten.

¿Qué tal empezar con No jonjou na kanjou? En efecto, alguien del público sustituye su máscara de la normalidad por una cinta de espiral que le oculta el rostro, pero que descubre su verdadera personalidad. Rubén teme al Acorazado Pirexiano.

El guitarrista siguió tocando los primeros acordes de Territorial pissings, sólo para que el cocainómano de turno pudiera seguir bailando, fingiéndose a sí mismo que seguía vivo. Al fondo su mujer; su esposa(da), mejor dicho. Moratones a lo largo y ancho de su alma. Ya sabes lo que pienso del sentido de la vida, pero cuando los bajones son caídas de Mimamamemimas, es difícil seguir adelante. Misterios de la composición de movimientos de fregona y mopa. Gloria lo teme todo. Javi lo teme todo. La rubia no es quién para temer.

Las odiseas me llevan a sitios que nadie comprende. Chalés amurallados o bosquecillos perdidos, o incluso prisiones de tela rojiza. O bares de luz difusa. De fondo, Labios compartidos. Dos, cuatro, seis; y los dos míos, hacen ocho. Pequeño bultito escondido, ¿dónde andarás? ¿Escondido entre sus miedos, quizá? Elena teme lo que está escrito, porque sabe que los papeles se los lleva el viento.

Las luces se apagan, y la Orquesta Nacional de Xibalbá nos deleita con una bonita versión de These boots are made for walking. A caminar sobre las cabezas de los niños malditos. Infancia protegida con las tripas de los niños adultos... En este mundo deberían prohibir la entrada a menores. Son las dudas que se le presentan a uno en el limbo de la madurez. Kiko teme a los niños. Yo también.

Las horas de insomnio jamás prescriben. A los ojos de la cara le salen ojeras; a los ojos de la tierra le salen gatos y culebras. Night call... Como dirían otras personas, las cosas claras y el chocolate espeso. Hay que cerrar la taberna, ¡todo el mundo afuera! Allí sólo permaneció un chico bailando, gritando esas cosas que a mí me llegaban a lo más hondo de mi estómago. Y tú... ¿tú qué temes?

Originalmente publicado en http://memoriasdeunquetzal.bitacoras.com .


Café Quijano - La taberna del Buda
http://www.youtube.com/watch?v=rFUNqo558Q4

Es un local de mala muerte
donde se juntan cada noche los de siempre.
Se escriben guiones, novelas negras,
se escriben páginas de trucos y maneras.

Se abre la puerta, se hace la niebla,
entre los humos y perfumes alguien entra.
Unos se miran, otros preguntan
quién es el tipo que parece el mismo Buda.

En una esquina un presidiario,
justo en la barra, enfrente, hay un notario;
un separado con una viuda
hace pareja con la amiga de la viuda.

Un matrimonio bien avenido,
a sólo un metro la querida del marido;
él bien tranquilo, disimulando,
ella pendiente porque ha visto un viejo amigo.

Hay tres banqueros, van con corbata,
están casados, los anillos bien guardados.
Tres italianas no se recatan,
se echan a suertes a los tres de las corbatas.

Y hay un decano también,
y un abogado también,
y un policía rodeado de ladrones,
y una princesa, y una portuguesa,
que en nada quedan si se quitan los tacones.

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