Después de un par de vueltas por mi pequeño paraíso, llegué a la conclusión de que se viaja mucho mejor cuando vas sentado. Descendí a las profundidades, allí donde el aire se vuelve agua, donde la luz es gris y los sonidos son los aullidos de las vías. En el infierno habían puesto taquillas.
Subí a la línea seis, la circular, la más interesante de todas. Un chico de pelo azulado y ojos rasgados leía un libro... "Watashi wa algo". Nunca comprendí bien quién era, mis conocimientos de japonés eran muy escasos todavía. Todo el mundo bajó en la siguiente parada, todos menos dos personas y este cuerpo que veo cuando levanto mi mano. Una chica, pelo moreno, caracoles por todo el cuerpo, intento vano de provocación sexual a los quince años, maquillaje oculto por unas gafas de sol; un chico, lo unico que tiene en común con la otra extraña en ese tren era el color del cabello. Su cuerpo cubierto por una ropa en desacuerdo con la personalidad que se leía en sus ojos (vaya asco de vida, todos son unos falsos), tapados también tras unas lentes. ¿Mentían sus ojos o sus lentes, o acaso su vestimenta?
"Ding, dong ding. Próxima parada, Escondite". Fui sacando mi MP3 con música setentera y mi navaja de afeitar. La voz de mi interior susurraba que iban a rodar orejas, así que la amordacé en el pequeño columpio del centro del ático... no quería escucharla más. ¡Sí, lo sé! ¡Es un ático, y estaba reservado para otra persona, otra babosa de esas que me juraban que yo cantaba bien! Palabras remotas en lo hondo de mi garganta, putadas al viento de vuelos libres, afonía del pájaro que llevo dentro. En el fondo, las manzanas crudas están más ricas que las de repostería. ¿Era yo el que sorbía tus lágrimas? ¿O eras tú la que engullía mi repugnante pena? Un año de lucha a pedradas verbales para volver al mismo punto de partida...
Y volver, volver a tu lado, para volver a despegar, y volver al valle donde dije que me rendía, tres veces al ritmo de pax avant. No sé lo que tienen las vísperas, que siempre las fastidio a más no poder. ¡Espera! ¡Mi compañero de vagón! Allí está, elucubrando sobre viejas dudas del pasado umbrío, de cuando los veintisete eran una edad temida pero ansiada... Mi comida se enfría...
Originalmente publicado en http://memoriasdeunquetzal.bitacoras.com .
Maná - Refrigerador
http://www.youtube.com/watch?v=XNKPran5nBw
Llego de la fiesta muy frustrado pues nada cayó.
El sol quiere salir me le adelanto para ir a dormir.
Inanición me invita a ver que encuentro en el comedor.
Abro yo la puerta y veo una nena en mi refrigerador.
La saco cual paleta esta muy tiesa a punto de morir.
Le llamo al doctor para ver una cura que la haga revivir.
La meto en la tina llena de agua que esta en ebullición.
No se descongela, está bloque, no tiene expansión.
Ahí está, una nena en mi refrigerador, ¿quién la metió ahi?
Ahí está, con la piel morada, desolador,
¿quién la metió? ¿O sola entró?
Desnuda bajo el hielo el azul le pega muy bien.
Golpeo martilleo y el hielo no quiere ceder.
La voy a lanzar por la terraza o voy a ponerla al sol,
la voy a poner sobre la estufa o voy a abrazármela,
la voy a meter dentro del horno.
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